jueves, 30 de noviembre de 2006

Hacia la V Conferencia de Aparecida Profesores de la Facultad de Teología de la Compañía de Jesús - Belo Horizonte

Hacia la V Conferencia de Aparecida Profesores de la Facultad de Teología de la Compañía de Jesús - Belo Horizonte

Mayo 2006


La Conferencia de Aparecida se sitúa en una trayectoria que va desde el nacimiento del CELAM hasta hoy, pasando por el Concilio Vaticano II, Medellín, Puebla y Santo Domingo.

Es un momento privilegiado para un doble movimiento eclesial. Mirar hacia el pasado y preguntarnos cuáles fueron las opciones que se hicieron en esa trayectoria y que juzgamos absolutamente innegociables y nos gustaría reforzar. Y luego, en una mirada hacia el presente y el futuro, destacar las cuestiones que merecen la atención de la Iglesia.

No seguiremos el Documento de Participación, presentándole variantes, sino que elaborare- mos un texto alternativo con los aportes que creemos oportunas.


Primera Parte: Reafirmación de las Opciones


  1. Opciones básicas del Concilio Vaticano II


Ningún acontecimiento eclesial del porte de la Conferencia de Aparecida tiene derecho a desconocer las opciones básicas del Concilio Vaticano II en el sentido de las líneas obligatorias para la marcha de la Iglesia en el Continente. Siendo el Concilio una mina fecunda, y para no abarcar demasiado y debilitar así la acción de la Iglesia, preferimos seleccionar unas pocas opciones conciliares que juzgamos importantes y obligatorias.

Introducción a las opciones

La Iglesia sólo se entiende a partir de la actitud fundamental de Jesús. Movido por la pasión por el Padre, Jesús anuncia y realiza, por medio de su persona, predicaciones y acciones, el Reino de Dios que consiste fundamentalmente en el servicio al mundo. “Porque el Hijo del Hombre vino, no para ser servido, sino para servir y dar la vida en rescate por una multitud” (Mc. 10,45) La Iglesia no existe para sí, sino para servir al mundo. En el espíritu jesuánico se sitúan las opciones del Concilio Vaticano II.

I° opción: Primacía absoluta de la Palabra de Dios

En la práctica significó movimientos maravillosos. Se valorizó la Palabra en las liturgias, en las celebraciones y en todas las actividades religiosas. Ella ocupó el debido lugar en la producción teológica, en la formación del clero y en la vida de los fieles. Se multiplicaron las obras de exégesis y sobre temas bíblicos, que ofrecieron subsidios para que el simple fiel se alimentase espiritualmente de la Escritura.

2° opción: Afirmación de la base laical de la Iglesia: Iglesia Pueblo de Dios

Aconteció una revolución copernicana en la concepción de la Iglesia. En vez de partir de la jerarquía para definirla, se afirmó el hecho fundamental: somos todos iguales por los sacramentos de Iniciación y en la participación en la Eucaristía. La Iglesia se definió como Pueblo de Dios. El aico adquirió en ella su verdadero lugar, con amplio espacio de iniciativa, libertad, autonomía, participación, gestación de espiritualidades propias.

En términos de América Latina, surgieron las primeras Comunidades Eclesiales de Base en íntima conexión con la experiencia de nuevos ministerios laicales. Más tarde, en las ondas de Medellín, las CEBs se desarrollaron y Pablo VI profundizó los ministerios no ordenados.

3° opción: Afirmación colegial de la Iglesia

En íntima articulación con la base laical, el Vaticano II estableció un espíritu colegial, superando el modelo de Iglesia anterior al Concilio, de centralización, presente en tres centros: Roma, diócesis, parroquia. La colegialidad se transformó en un aire nuevo que se respiró en el ámbito de toda la Iglesia, al valorizarse la Iglesia local, las comunidades. Se creó una conciencia de sinodalidad y de comunión, al incrementarse las Conferencias episcopales, los Consejos diocesanos, parroquiales y comunitarios.

4° opción: Nueva relación de la Iglesia con el mundo

La Constitución Gaudium et Spes confesó la íntima sintonía de los cristianos con los hombres y mujeres de hoy en las alegrías y esperanzas, en las tristezas y angustias. Modificó la actitud básica frente a los problemas del mundo moderno. Reconoció la autonomía de las realidades temporales, terrestres, al renunciar a los últimos resquicios de cristiandad. Asumió el pluralismo de la modernidad, superando la tentación de repristinar o mantener situaciones de dominio en vez de servicio.


II.Opciones básicas de Medellín


La Iglesia de América Latina hizo en Medellín una recepción creativa del Concilio Vaticano II, en la que tomó decisiones importantes. Algunas que juzgamos irrenunciables. Ya forman parte de la legítima y sana tradición eclesial que debe ser mantenida y reforzada en Aparecida.

1°: Opción por los pobres

La herencia más sagrada de Medellín es la opción por los pobres, directa, simple, sin adjetivos. Toca los diferentes campos de la vida interna y externa de la Iglesia: personas, pastorales, estructuras. Nada de la vida de la Iglesia se substrae a esa opción básica. Estuvo en la conversión de personas de la jerarquía, de religiosos/as, de agentes de pastoral y de simples fieles.

2°: Opción por la liberación

Se articuló con la anterior, sin identificarse totalmente con ella. Consistió fundamentalmente en orientar la opción por los pobres en la línea de su promoción humana, a saber, la liberación integral en el lenguaje de Pablo VI (Populorum Progressio). La Liberación se transformó también en una categoría teológica, al pasar por una transformación de sentido: viniendo de las ciencias políticas, sufre una ampliación histórico-antropológica hasta tornarse una categoría básica de la teología de la liberación.

3°: Opción por la Comunidades Eclesiales de Base

La opción por los pobres y por la liberación encontró en las Comunidades eclesiales de Base la “nueva manera de ser Iglesia”. Eran anteriores a Medellín, pero allí recibieron el aval institucional, incentivo y mejor configuración.

4°: Opción por la centralidad de la justicia social

Ofrece consistencia a las opciones anteriores. Evita las antiguas y tradicionales posiciones asistencialistas para despertar el pensar teológico y la pastoral a la realidad de la injusticia social, del pecado social. Condena la violencia institucional del propio sistema y no únicamente la de las guerrillas y la lucha armada.

5°: Opción por una Iglesia profética

El conjunto de las opciones de Medellín configuran una Iglesia profética en el discurso, en la teología, en las prácticas, en las estructuras institucionales. Rompió la alianza con la burguesía para denunciarle la prolongada dominación y anunciar una sociedad solidaria, fraterna, participativa, igualitaria.


III.Opciones básicas de Puebla

En Puebla la situación política y eclesial se modificó bastante. No se logróla misma claridad suscinta que en Medellín. Sin embargo, algunas opciones se confirmaron y se hizo que otras se constituyeran en una herencia que debe ser mantenida.

1°: Opción por los pobres

En un clima de cierta tensión al interior de la Iglesia y con las fuerzas conservadoras de la sociedad, se reafirmó la opción por los pobres con adjetivaciones, a fin de evitar conflictos. Se mantuvo, sin embargo, el núcleo de esa opción, en un contexto complejo y perplejo.

2°: Opción por los jóvenes

Prescindiendo de cualquier interés estratégico, la opción por los jóvenes vino a llamar la atención hacia ese grave problema de la Iglesia. Después de la crisis y la desaparición especialmente de la JEC y la JUC, la pastoral juvenil se sumergió en tiempos de incertidumbre, de tanteos y de búsqueda. Puebla incentiva a buscar nuevas formas de acción en el medio juvenil.

3°: Opción por la comunión y la participación

Anticipándose, en cierta manera, al Sínodo de 1985 que considera a la “comunión” la clave central interpretativa de la eclesiología del Concilio Vaticano II, Puebla comprende a la Iglesia a partir de la “comunión y participación”. Tal opción se articula con las CEBs, “nueva manera de ser Iglesia”, en que se manifiestan y se concretizan con mayor claridad la comunión y la participación.

4°: Opción por la defensa de la dignidad de la persona humana

En tiempos de represión por parte de los Gobiernos militares en América Latina, Puebla asume una posición profética de denuncia y anuncio al defender la dignidad de la persona ante las violaciones presentes en los regímenes militares. Esa actitud de coraje llegó a ser la marca de la Iglesia de América Latina frente a la represión y la arbitrariedad.


IV.Opciones básicas de Santo Domingo

En el contexto contrastante de apertura política pero bajo el rígido imperio del neoliberalis –mo y de una situación eclesial centralizadora, Santo Domingo percibió nuevos desafíos que fueron objeto de sus opciones.


1°: Opción por la inculturación

Uno de los puntos nuevos e importantes de Santo Domingo consistió en la mayor conciencia de la relevancia de las culturas amerindia y afro y de la religiosidad popular como espacio de la evangelización, con el consecuente avance en la temática de la inculturación. Se afirmó la pluralidad de las expresiones de fe inculturadas en la realidad urbana y en las culturas afro-amerindias, asumiendo de modo positivo la religión del pueblo.


2°: Opción por el protagonismo del laico

Marca registrada de Santo Domingo. La situación nueva del desarrollo de la teología del laico con el crecimiento de las CEBs por un lado, y por el otro la dramática situación de una Iglesia carente de ministros ordenados, llevó a los obispos a una resuelta opción por el protagonismo del laico.

3°: Opción por una solidaridad latinoamericana y mundial.

La paradójica realidad de la globalización y de la necesidad de afirmación de las identidades regionales exige de la Iglesia una mayor conciencia de la construcción de la solidaridad continental en la defensa de los pobres y de las culturas autóctonas. Se percibió además la necesidad de alianzas más amplias a dimensión mundial, en vistas al anuncio de los valores del Reino de Dios.

4°: Opción por la lectura de la realidad a partir de los signos de los tiempos

Santo Domingo relanzó la lectura de la realidad a partir de los signos de los tiempos. Herencia de la tradición teológica de la liberación que se inspiró en la Enseñanza Social de Juan XXIII y en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes.


Segunda Parte: Avanzar hacia temas y decisiones nuevas


Reafirmar las opciones anteriores ya es una tarea ingente. Los tiempos avanzan y la Iglesia necesita responder a nuevos desafíos. Enumeraremos algunos.


  1. Animación “carismática” de las estructuras internas de la Iglesia

El fenómeno carismático está ahí, con gigantesco vigor. ¿Cómo no percibir en él una señal del Espíritu? Como toda acción de Dios en la historia, ella padece de ambigüedad y carece de discernimiento. Nunca se puede olvidar que todo cristiano, por la gracia del bautismo, es un carismático; y ningún movimiento tiene derecho de reivindicar el privilegio de de poseer exclusivamente al Espíritu Santo.

La onda carismática posee un enorme potencial transformador de las instituciones, si realiza el principio jesuánico de que “el sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado”. En otras palabras, le cabe la maravillosa tarea de humanizar, de espiritualizar, en el sentido pleno del término, la rigidez de muchas formas institucionales y jurídicas de la Iglesia. Eso implica revigorizar la dimensión de diaconía, de pobreza, de simplicidad en el ser, en el vestir y en el vivir de los representantes de la Institución eclesiástica.

Los movimientos carismáticos adoptan, a veces, posiciones antitéticas. Algunos se presentan fuertemente centralizados en la persona del líder. Éstos no ayudan a liberar a la Iglesia de formas centralizadoras y autoritarias. Otros, sin embargo, cultivan una transparente libertad entre sus miembros. Ellos están en condiciones de pensar y ensayar un modelo “democrático” y participativo de Iglesia. Y si se articulan con las CEBs, anticipan ya una Iglesia red de comunidades al interior de las parroquias y de las diócesis. Y entonces la Iglesia se torna para el fiel una comunidad de libertad, de diálogo, de acogida, de igualdad. Yen ese mismo espíritu, se facilita el asumir el principio de la subsidiariedad en el gobierno de la Iglesia.

La preocupación pastoral con respecto al éxodo de católicos y a la multiplicación de denominaciones evangélicas en el conjunto del fenómeno religioso urge repensar en profundidad el ministerio en la Iglesia católica. Implica una reformulación del ministerio ordenado en la línea del servicio, despojado de autoritarismo y de centralismo pastoral. Nos lleva a repensar la manera de reinsertar en el ministerio ordenado a aquellos que lo dejaron y estarían dispues- tos a retomarlo en una nueva situación de vida. Y finalmente cabe una valiente actitud innovadora frente a las posibilidades ministeriales de las mujeres.


  1. Evangelizar la nueva sociedad globalizada del conocimiento


Cada día avanzan más las ciencias y la alta tecnología, especialmente en el campo de las ciencias de la vida y de la información, trayendo graves problemas éticos. El conocimiento se torna materia prima sobremanera importante en el mundo de la producción y del gerencia -miento de las empresas. Fuera del conocimiento, se pierden los concursos.

La Iglesia necesita laicos/as y profesores/as de ética y de teología moral preparados para tal diálogo. Un laicado sin miedo y competente, apoyado por el magisterio, el reverso de declaraciones oficiales infelices y sin conocimiento suficiente en temas difíciles, complejos y aún en penunbras.

La sociedad del conocimiento está generando un nuevo tipo de pobre y excluido. Desafía a la Iglesia a descubrirle un rostro concreto y real, como hizo en Puebla (nn. 31-39). Eso significa avanzar más todavía en la opción por los pobres de Medellín y Puebla, desadjetivándola de epítetos ideológicos y debilitadores, para recuperale a fuerza evangélica. En una palabra, estamos ante la tarea de retomar con amplitud la práctica de la liberación en el contexto neoliberal.

  1. Evangelización de la cultura moderna y posmoderna

Se vuelve inpensable una evangelización que no tenga en cuenta la cultura. El fracaso del socialismo real se debió, además de las fallas económicas, al hecho de no haber creado culturalmente al hombre nuevo deseado. Se descuidó la cultura.

La presencia de la Iglesia en la sociedad futura depende de cómo se sitúe en el campo cultural. El camino pasa, no por una adaptación cultural a los valores burgueses capitalistas, sino por la construcción de una cultura a partir de los pobres. El socialismo creó un imaginario de la liberación, pero fracasó por la ausencia de valores fundamentales. La Iglesia está en condiciones de unir al imaginario liberador social trazos evangélicos, dándole consistencia y profundidad. La evangelización de la actual cultura moderna y posmoderna requiere que se construya al interior de la Iglesia y fuera de ella por medio de la pastoral, de discursos, de prácticas, de instancias y de símbolos, un imaginario que exprese la opción por la liberación de los pobres. Sólo así se consigue transformar la realidad.

En otros términos, eso significa la creación de un nuevo paradigma cultural, como verdadera alternativa al pensamiento único dominante, que tenga en consideración las mayores conquistas del momento actual: pensamiento ecológico, cosmología moderna, el género, las etnias, la paz, la ética del cuidado y de la compasión.


  1. Desarrollar una eficiente pastoral migratoria

Las migraciones se vuelven un fenómeno creciente en el mundo entero y al interior de los países, que desafía a la pastoral de la Iglesia. Ya son cientos de millones los que se mueven dentro de los países y hacia fuera de ellos en migraciones crecientes. ¿Por qué dejan la propia tierra? ¿Por qué buscan otra tierra y cuál es ella? Juegan factores de expulsión y de atracción. Del lado objetivo encontramos la pobreza, la falta de futuro allí donde se está, la creciente segregación económica, racial y religiosa, los conflictos internos regionales. Del lado subjetivo, surgen sueños de riqueza, de los Estados Unidos del dinero fácil y abundante, de mejorar rápidamente recursos para resolver definitivamente la cuestión de la vivienda y de otras exigencias básicas. Pobreza y sueños, falta de futuro e ilusión de un futuro radiante. Es la carencia del ser humano que Frei Betto llamó “hambre de pan y de belleza”.

La pastoral del futuro enfrentará desde la defensa de los derechos fundamentales del migrante, sobre todo los de los indocumentados, hasta una migración del clero y religiosos juntamente. En cuanto caminamos con lentitud o nos dormimos, las denominaciones evangélicas pentecostales o neopentecostales ocupan rápidamente esos espacios. No siempre para el bien de las personas. No nos mueven razones proselitistas, sino únicamente las de lealtad evangélica y el amor a aquellos que son presa fácil de distorciones religiosas.


5. Emprender con fuerza una pastoral mediática

La ciencia y la tecnología de la comunicación pasan por una revolución jamás vista. Se anuncian saltos tecnológicos inmensos que van a revolucionar la relación entre las personas y a crear una nueva generación de usuarios.

Los desafíos pastorales consisten, entre otros aspectos, en la presencia significativa de la Iglesia en ese universo tecnológico y cultural y en la articulación de tales medios con las exigencias comunitarias de la vida cristiana, con la disciplina del arcanum y con las características propias de la fe cristiana.

Los Medios constituyen mucho más que simples instrumentos de comunicación. Configuran la cultura actual. Un lenguaje teológico que no tuviese en cuenta ese dato cultural pasaría al margen de los oyentes y de los lectores. Como se trata de cultura, el empeño tiene que ser mucho mayor en profundidad, percibiendo las modificaciones del comportamiento y del horizonte simbólico de las personas. Solamente ahí dentro se evangeliza.

La cuestión se instala gravemente en la sustitución de una Iglesia real, comunitaria, por una Iglesia virtual a causa de una pastoral mediática no clarividente y sustitutiva de la vida eclesial concreta.


5. Diálogo ecuménico e interreligioso

En espíritu de apertura y tolerancia, marca decisiva de la cultura actual, y en la línea del Concilio Vaticano II, se imponen decisiones audaces en el campo ecuménico y del diálogo interreligioso, venciendo las luchas reñidas que han minado hasta el interior de las familias. De la correcta posición ante tales cuestiones depende inclusive la paz entre las personas, etnias, religiones y países. “No hay paz mundial sin paz entre las religiones” (Hans Küng).

Conclusión

En este momento de preparación para Aparecida juzgamos importante clarificar las opciones básicas innegociables e indeclinables de la herencia del Concilio Vaticano II y de las Conferencias anteriores y asumir los nuevos desafíos. Los elementos aquí indicados, en forma suscinta, miran a esa doble tarea.



Belo Horizonte, Mayo de 2006.

Jon Sobrino: APARECIDA: A LA ESPERA DE UNA ASAMBLEA Y UN DOCUMENTO “CON ESPÍRITU”

APARECIDA: A LA ESPERA DE UNA ASAMBLEA Y UN DOCUMENTO “CON ESPÍRITU”

Carta a Ignacio Ellacuría

JON SOBRINO, 27/10/06

SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

ECLESALIA, 26/10/06.- Querido Ellacu: Pronto se reunirán los obispos en Aparecida, y Dios sabe qué ocurrirá. Lo que es claro es que hay que “revertir la historia”, como dijiste en tu último discurso en Barcelona diez días antes de tu muerte. Ciertamente hay que revertir la historia del continente, y también, en buena medida, la historia de la Iglesia.

En Medellín estuvo el dedo de Dios. Lo agradeciste y lo pusiste a producir entre nosotros los jesuitas y en la espiritualidad de san Ignacio, en la UCA y en el país. Pronto se generó una reacción, pues un Dios de los oprimidos molesta. Reaccionó la Casa Blanca con el informe Rockefeller. Y reaccionaron también algunos miembros del CELAM. Tristemente, comenzó una campaña de ataques a obispos, teólogos, religiosas y comunidades, y no siempre con buenas artes.

En ese contexto, Puebla debía poner freno a Medellín, de lo que pronto caíste en la cuenta. Analizaste en profundidad el documento preparatorio, y mostraste sus aciertos y sus fallos. Y por cierto, hiciste hincapié en que la ambigüedad no se superaría “si no se transforma radicalmente su cristología y eclesiología”. Lo recuerdo ahora porque esa advertencia sigue siendo necesaria. A veces da la sensación de que Jesús de Nazaret hubiera desaparecido de la cristología oficial. Y de “la Iglesia de los pobres” -nada digamos de “la Iglesia popular”- ya no hay mención. Pero no sólo criticaste, sino que aportaste un texto espléndido: “El pueblo crucificado. Ensayo de soteriología histórica”, que, junto con las homilías de Monseñor, hizo época: los pueblos crucificados son la presencia de Dios y de su Cristo, y de ellos proviene salvación. Te mantuviste firme en la línea de Medellín, y lo enriqueciste. Hoy pocos hablan así.

Puebla no llegó a romper con Medellín, pero el deterioro eclesial se hizo notar, y en Santo Domingo fue inocultable, como ahora se reconoce sin tapujos. Estuvo organizado y controlado desde Roma. Por lo que toca al texto, increíblemente no se dio importancia a los mártires ni se agradeció el amor mayor que derrocharon, lo que es la piedra angular de toda Iglesia cristiana -y los pobres de la ciudad de Santo Domingo fueron ocultados tras altos muros. En lo personal, la Iglesia me daba la sensación de deambular con miedo a perder prestigio y con deseo de conseguir éxitos mediáticos y cuantitativos. Y todavía hoy, a pesar de numerosas celebraciones, música y procesiones, no dejo de percibir cierta desorientación e incluso tristeza eclesial.

Dicho en forma de tesis, en Santo Domingo no se reconoció a Medellín como nuestra “Asamblea de Jerusalén”. En Medellín se decidió no ya ir a los gentiles, sino ir a los pobres, acompañarlos y aprender de ellos. En Santo Domingo hubo déficit y descuido de la causa de los pobres, aunque no faltaron algunas palabras sobre inculturación, lo que agradecieron sinceramente indígenas y afroamericanos, como sólo saben hacerlo los pobres, incluso cuando nos acordamos de ellos a medias y tarde. Y en mi opinión, lo más grave era la sensación de que la Iglesia no tuviera nada importante de que alegrarse. Lejos quedaba la exultación de Pablo en medio de persecuciones como las nuestras. Y poco había de la alegría de Jesús: “Gracias, Padre, por haber revelado estas cosas a los pequeños”. No se notaba mucho de la alegría de las comunidades, de sus romerías y aniversarios de mártires, de la solidaridad, la “ternura de los pueblos”… Y sin gozo no puede prosperar una Iglesia basada en una buena noticia.

La Iglesia de Medellín se responsabilizó de y cargó con la historia. Ahora, aunque con algunas buenas palabras en sus mensajes, en su conjunto no da la sensación de escuchar el “sordo clamor que brota de millones de hombres” -oprimidos, mujeres, indígenas, afroamericanos, emigantes, jóvenes que no saben qué hacer ni a dónde ir-, conocidas palabras con las que comenzaba La pobreza de la Iglesia. Ni da la sensación de que su gran opción fundamental es “bajar de la cruz a los crucificados”, como tú decías, Ellacu.

Pareciera, pues, que hemos perdido el rumbo. Y no echamos mano de nuestra tradición para retormarlo: dom Helder Camara, don Leonidas Proaño, don Sergio Méndez Arceo, símbolos de una Iglesia comparable a la de Las Casas y Valdivieso. Y por ello tampoco se oye mucho, ciertamente no como antes, lo que sigue en la cita de Medellín: “pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna parte”. ¿Nos piden hoy los pobres que les liberemos? ¿Estamos cargando con su historia?

Si dilapidamos la honradez y el gozo que se originó con Medellín, la marcha atrás es inevitable, y cada día que pasa acumulamos retraso. La tarea no es, pues, fácil, pero es posible. En Aparecida Dios puede volver a irrumpir, como en Monseñor Romero ante el cadáver de Rutilio. Y también en todos nosotros, aunque no sea más que por pudor. Y veo algunos signos de esperanza.

Hay obispos que piensan que no podemos seguir con exagerado centralismo y sin hacer central la realidad de nuestras comunidades, sus gozos y tristezas. No es evangélico, no es humano y no resuelve los problemas. Hay que cambiar y mirar a las comunidades

Hay gente que piensa y profundiza en las corrientes subterráneas que mueven la historia. Hablan del Dios, que se mostró en Jesús, y también del que se siente como en casa entre otros hombres y mujeres, que lo han adorado y amado desde antes del cristianismo. Hablan del ser humano y de lo que humaniza: honradez con lo real, compasión sin componendas, justicia contra la opresión, comunidad y colegio antes que individuos aislados, el sentido común de la jerarquía de verdades…

Hay grupos de laicos, sacerdotes y religiosas, que siguen con esperanza y en resistencia permanente contra toda suerte de males. No se han dejado vencer por el desánimo y habita en ellos lo que suelo llamar santidad primordial. Emociona verlos reunidos para analizar el documento preparatorio y hacer propuestas. Lo más importante es que se reúnen en comunidad y que, con o sin el documento preparatorio, miran y analizan la realidad del pueblo, de sus familias, de sus parroquias, y de sí mismos. Miran a la Iglesia para ver cómo está y cómo debiera estar. Y nos lo dicen. Aunque en pequeño, cumplen tu gran deseo, Ellacu, que recordamos estos días: “que el pueblo salvadoreño -y todos los pobres y oprimidos- hagan sentir su voz” -también en la Iglesia.

¿Cómo será Aparecida? Sólo Dios lo sabe. Ojalá desencadene, en personas, grupos y obispos, dinamismos creativos, pero ahora sólo nos fijamos en el texto que escribirán los obispos. El documento preparatorio es decepcionante, pero es muy buena señal que ya se están haciendo propuestas importantes para cambiarlo. Las más novedosas son sobre Dios en las diversas religiones, la Iglesia en un mundo de grandes novedades, la mujer -de una vez por todas- como persona, cristiana, ministro y miembro de la Iglesia, nombramiento de obispos… Las más fundantes (increíblemente ausentes del documento preparatorio) son sobre Jesús de Nazaret, el reino de Dios que anunció y el antirreino que combatió, la Palabra de la Escritura… Las más urgentes son sobre la vida, la justicia y la verdad para las mayorías… Y hay también un esfuerzo, grande y cariñoso, para presentar a María de Aparecida cómo símbolo, a la vez, latinoamericano y cristiano: rostro de los pobres del continente y rostro de su Dios.

El texto de Aparecida deberá ser analítico, bien analizado -y ojalá se busque la presencia de personas competentes en Biblia, teología, pastoral, saberes humanos que ayuden a los obispos. Así procedían hace años muchas conferencias y obispos entre nosotros -y recordamos bien cómo insistías en la importancia de buenos análisis y conceptos. Pero el texto necesitará, además, espíritu, lo cual es otro de tus legados. “Pobres con espíritu”, escribiste, para hacer convergir las bienaventuranzas de Lucas, “materialidad”, y las de Mateo, “espíritu”. Y en otro contexto, aunque no te atraía la idea de una UCA doctrinalmente confesional, sí insistías en que fuese una UCA “con espíritu”. Por eso la definiste como una universidad, “razón”, de inspiración cristiana, “espíritu”.

Eso es lo que esperamos de Aparecida: “textos con espíritu”. Algunos preguntarán qué es eso, y sólo puedo responder con dos ejemplos. En la homilía del 10 de junio de 1977 Monseñor Romero dijo lapidariamente: “Jamás nuestra Iglesia dejará sólo a nuestro pueblo que sufre”. El pueblo captó el concepto, y el espíritu que lo empapaba. Y, por ambas razones, aplaudió. Y otro texto tuyo. “Lo que las agencias de turismo hacen para que el mundo se divierta debería hacer la Iglesia en dirección contraria para que el mundo se convierta”. Con ello quedaba claro el concepto que ya habías desarrollado sobre lo que hay que hacer con el “pueblo crucificado”. Y quedaba clara la exigencia a un hacer, decidido y dialéctico. El texto tenía espíritu. Era evocativo y provocativo. En Aparecida son necesarios ese tipo de textos, que posean verdad con lucidez y espíritu con ánimo. Y para ello quizás puedan ayudar las siguientes reflexiones.

1. Libertad en contra del miedo. Dicho con sencillez, hay miedo en la Iglesia, Ellacu. No es el miedo de tu tiempo a los que podían matar el cuerpo, sino a los que pueden dañar nuestra comodidad, a que seamos reconocidos o censurados. Miedo a perder privilegios, status, poder social. La impresión que damos muchos jerarcas y sacerdotes es que muchas veces estamos como paralizados. Es importante recuperar la libertad, lo que, además, es central en la fe: somos hijos, no siervos. Y en nuestras manos tenemos una palabra que, por ser de Dios, no está encadenada.

2. Humildad, examen de conciencia. En el texto citado de Medellín proseguían los obispos: “Llegan también hasta nosotros las quejas de que la Jerarquía, el clero, los religiosos, son ricos y aliados de los ricos”. Matizaron las quejas, a veces basadas en apariencias, e insistieron en la pobreza de parroquias y diócesis, pero concluyeron con una gran verdad. “En el contexto de pobreza y aun de miseria en que vive la gran mayoría del pueblo latinoamericano, los obispos, sacerdotes y religiosos tenemos lo necesario para la vida y una cierta seguridad, mientras los pobres carecen de lo indispensable y se debaten entre la angustia y la incertidumbre”. Ejemplo de honradez y de humildad, y hasta una forma de pedir perdón.

3. Palabra en contra del silencio. Nos podemos equivocar, pero no podemos callar ante lo que afecta gravemente al mundo de hoy, el de 2.000 millones que tienen que vivir con dos dólares al día. Hablamos sobre problemas graves de la familia, con razón, pero no contra la guerra preventiva -su concepto y su realidad- del presidente Bush, que produce miles de muertos. Denunciamos algunos pecados de los otros, pero callamos demasiado los propios -algunos de ellos aberrantes-, a no ser cuando ya son inocultables. La Iglesia menciona y condena ideologías, hasta el día de hoy, como el nazismo y el comunismo. Pero la ideología del capitalismo en sí -no sólo el salvaje- no es denunciada con vigor. Y tampoco se recuerda la ideología de la doctrina de la seguridad nacional, causante entre nosotros de decenas de miles de muertos, a manos, muchas veces, de bautizados.

4. Parresia en contra de la pusilanimidad. El entusiasmo abunda, y en exceso, en muchos movimientos. Pero nos quedamos cortos en el anuncio no de cualquier Dios sino del Dios de pobres y víctimas. Proclamar la realidad de ese Dios no es cosa de mera doctrina, sino de convicción y de parresía. Y tampoco lo es proclamar a Jesús, el de Nazaret, el que pasó haciendo el bien y murió crucificado, y así se nos manifestó como el Hijo de Dios. Hace falta audacia para proponer a ese Jesús como el hermano mayor, y no aguarlo de mil formas, infantiles o solemnes.

5. Respeto a lo propio en contra de la imposición universal. Que existan tensiones en una macro-comunidad como la Iglesia es comprensible, pero, hoy por hoy, el problema no reside tanto en algún turbio deseo de independizarse las iglesias locales del tercer mundo, las de pobres, indígenas y afroamericanos, que configuran “la gran Iglesia de los pobres”. Suele provenir, más bien, del centro: sospechas, advertencias y condenaciones, y poco agradecimiento. El espíritu de inculturación no abunda. Y aun cuando hacemos la opción por ellos, en el centro de la Iglesia no están los pobres -tampoco lo están en las democracias-, sino algo que más se parece a riqueza y poder.

6. Seriedad en contra del facilismo. Depende de lugares, pero da pena ver en muchas comunidades que, cuanto más light son las cosas, más religiosas parecen. Recuerdan la advertencia de Peguy: “porque no son de este mundo creen que son del cielo”. Que esto suceda entre los sencillos es hasta cierto punto comprensible, pero es irresponsable apoyar religiosidades de lo mágico y melifluo que no humanizan. Jesús dijo “háganse como niños”, pero no dijo: “háganse aniñados, no discurran, no pregunten, no protesten”. Cierto es que a Dios no se va por el camino del racionalismo, pero es triste que se toleren y aun se fomenten algunos tipos de religiosidad como si los sencillos no tuviesen capacidad de razonar. Y peor aún, si ello se tolera o se fomenta porque así al menos mantendrán la fe. En tu tiempo decías Ellacu que la concientización es más urgente que la alfabetización. En la actual coyuntura de la Iglesia diríamos que la maduración en el hecho de la fe es más urgente que expresarla religiosamente, cosa muchas veces pintoresca.

7. Mystagogia y credibilidad en contra de la mera doctrina. Y también hay que insistir en la otra dirección. Muchos van despertando a la razón, pues la credulidad no dura para siempre. Entonces hay que ofrecer verdad, pero sin imponer una mera doctrina. Por ello cada vez es más necesaria la mystagogía que conduce al misterio de Dios. Significa introducirnos en un misterio que es mayor, pero que no empequeñece, que es luz, pero que no ciega, que es acogida, pero que no impone. Y eso en definitiva, sólo es posible comunicarlo si tenemenos credibilidad. Sin ella, escucharemos las palabras de la Escritura: “por causa de ustedes se blasfema el nombre de Dios entre las naciones”. Con ella, “la gente alabará a Dios”.

8. La Iglesia de los pobres en contra de una Iglesia vaciamente universal. El sueño de Juan XXIII y del cardenal Lercaro, de don Helder Camara y de Monseñor Romero, sigue siendo la ”Iglesia de los pobres” -¿de quién, si no? Esto significa que los pobres son el principio inspirador de la Iglesia, no sólo los beneficiarios de su opción. No niegan nada ni excluyen a nadie, pero son indispensables para configurar cristianamente todo lo cristiano: lo que podemos saber, lo que nos es permitido esperar, lo que tenemos que hacer y lo que se nos ha dado celebrar. Y todos somos llamados a participar, aunque de diversa forma, análogamente, se decía antes, en la “pobreza real” de los pobres y en el espíritu de “los pobres con espíritu”.

Ellacu. Termino recordando tu último discurso: “Sólo con todos los pobres y oprimidos del mundo podemos creer y tener ánimos para intentar revertir la historia”. Nos dices, pues, que los pobres son fuente de una fe y de un ánimo que no nos vienen de ninguna otra parte. Como te escribí el año pasado, “fuera de los pobres no hay salvación”. Esperamos que Aparecida lo proclame.

Y junto a ellos, lo mejor que ha producido nuestra Iglesia y nuestro pueblo: los mártires. No veo cómo es posible reunirnos sin recordar y agradecer a los miles de mártires -así llamamos a los que entregaron su vida por amor. Y ya que es una conferencia de obispos, no veo posible no recordar y agradecer, con orgullo, a sus hermanos Enrique Angelelli, Oscar Romero, Joaquín Ramos, Juan Gerardi.

Ya sé que, ante estas cosas, el Vaticano impone paciencia, prudencia, silencio. Pero tú no actuaste así. Tres días después de su asesinato dijiste: “con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”. Y don Pedro Casaldáliga escribió el “San Romero de América”. Lo mismo ha dicho el cardenal Carlo María Martini, el 15 de octubre, de 2005, desde Jerusalén:

“Me parece, pues, que su muerte es la de un mártir de la justicia, de la verdad y de la caridad. Y aunque yo sea del parecer que no necesitamos multiplicar demasiado los santos canonizados, vería con agrado que su heroicidad y ejemplaridad, sobre todo para los obispos, sea reconocida oficialmente por la Iglesia".

Ellacu, ojalá en Aparecida remontemos vuelo, sin reproches y con magnanimidad, sin rencores y con esperanza. Pero es importante retomar el rumbo y encaminarnos hacia un “nuevo Medellín”. En Aparecida deberá haber mucho de “nuevo”, pero también mucho de “Medellín”. Y eso es lo que, en medio de los fallos y limitaciones que hemos mencionado, sigue presente en América Latina: religiosas que defienden a indígenas oprimidos; laicos y laicas que trabajan por los derechos humanos de los pobres, y con enfermos de sida; campesinos que estudian la biblia y se adentran en la teología; grupos de solidaridad con los emigrantes; romerías populares y aniversarios de mártires; innumerables vidas escondidas admirables; obispos dedicados a su pueblo y que se mantienen “en rebelde fidelidad”… Y una larga letanía de cosas buenas que hacen los pobres y quienes con ellos se solidarizan.

Y hay fe. Siguen creyendo en un Dios que es Padre-Madre. En un Hijo que es Jesús de Nazaret, crucificado y resucitado. En un Espíritu que es señor y dador de vida y que habla por los profetas. Y es que el evangelio es como una pequeña planta que crece en cuanto la cuidamos un poco. Cuidarlo con esmero es la herencia de Medellín. Por eso tenemos esperanza. Y por eso, año tras año, les recordamos a ustedes, a todos los mártires. Ustedes son los cuidadores, los guardianes del Evangelio. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Jo

José Comblin - Discípulos

DISCÍPULOS

P. José Comblin

Tema central de la V Conferencia Episcopal Latinoamericana en Aparecida. Brasil 2007.

El texto enviado por el CELAM como preparación a la V Asamblea que se reunirá en 2007 en Aparecida presenta el tema de discipulado o de discípulos como tema principal de la Asamblea. El texto contiene un capítulo que quiere dar una exposición teológica del tema del discípulo. Este tema es muy importante y abre muchas puertas. Sin embargo la teología del capítulo necesitaría algunos complementos porque es bastante insuficiente.

Los teólogos que prepararon ese texto lograron escribir un capítulo entero sobre el discipulado sin mencionar nunca la actividad de Jesús. Ahora bien, ser discípulo es aprender de otra persona. Sin embargo, en el texto no se ve en absoluto qué es lo que los discípulos aprenden de la vida de Jesús. No se ve el mensaje del maestro, ni su pedagogía, ni su referencia a la cultura de su tiempo.

El evangelio de Juan dice que la Palabra se hizo carne. Es decir que la Palabra de Dios no es una doctrina, no es un discurso, no es una exposición de verdades teóricas, no es una teología. La palabra de Dios es la vida de Jesús, todo lo que hizo en esta tierra en la debilidad de la carne, del cuerpo y del ser humano en general. Jesús supo usar el cuerpo humano, el tiempo humano, la situación humana en esta tierra para expresar la Palabra de Dios. Por consiguiente el discípulo está llamado a observar, mirar, entender y acompañar a Jesús, a descubrir su modo de actuar, lo que busca, la manera de expresarse, los gestos que hace, las palabras que pronuncia en determinadas circunstancias. Los mismos evangelios muestran que los discípulos tuvieron grandes dificultades para aceptar el modo de vivir de Jesús. Lo más difícil era entender el camino del no-poder, de la pobreza. Es la dificultad que los discípulos de todos los tiempos encontrarán porque tantas veces estarán fascinados por el poder, la riqueza, el prestigio, el status social.

Los discípulos de Jesús no son como los estudiantes de los doctores de la ley. No estudian una ley. No son como los alumnos de los filósofos, porque los discípulos de Jesús aprenden su actuar y no aprenden ideas, doctrinas, juegos intelectuales. Los discípulos no son como los que estudian las ciencias modernas, porque en las ciencias modernas el modo de vivir del profesor no importa, sino más bien la objetividad de la observación y de la experimentación como el rigor matemático para definir las relaciones. Los discípulos aprenden una manera de vivir, una orientación para la vida toda. Ser discípulo no es estudiar la teología, y la misma teología puede ser muy peligrosa: la teología puede engendrar poder, capacidad de imponerse a otros, sentimiento de superioridad, cualificación para una promoción social. La teología es uno de los factores principales que sustentan la dominación clerical, dominación paternalista, pero dominación que todos los laicos perciben aunque los sacerdotes lo nieguen. Ser discípulo es cambiar de vida, recibir una iluminación que lleva a abandonar todo lo que era, para dedicarse al reino de Dios. Así como Pedro y Andrés y Juan y Santiago que dejan sus redes, dejan su familia, dejan su casa para seguir al maestro.


Para aprender como ser discípulo, debemos recordar, hacer memoria de aquello que Jesús hizo. Ahora bien, en forma muy breve podemos condensar la acción de Jesús, el mensaje de su vida, que está en la elección de su modo de vivir, en pocos puntos, que expresan lo más importante. ¿Qué hizo Jesús para ser maestro? ¿Qué fue lo que enseñó?

1. En primer lugar Jesús vivió en Galilea, la región pobre, menospreciada, oprimida del pueblo de Israel. Fue a meterse y a vivir, a realizar su misión en medio de los más pobres de su pueblo. Vivió como ellos pobremente. Visitó los pueblitos pobres de la Galilea, y nunca estuvo en las ciudades de civilización griega, ni siquiera las más cercanas: había una a 6 km de Nazaret. Toda su vida fue dedicada a los pobres, porque para él en medio de los pobres estaría el verdadero Israel, el verdadero pueblo de Dios. Una gran lección para todos los que quieren ser discípulos.

2. En segundo lugar, Jesús anuncia la llegada inminente y la presencia actual del reino de Dios que será el reino de los pobres. Su misión consiste en anunciar esta buena nueva, la buena nueva de que empieza una vida nueva para los pobres. El verdadero Israel estará en medio de ellos, hecho por ellos y para ellos. Así dice Jesús para inaugurar su ministerio: en su declaración en la sinagoga de Nazaret según Lucas, en el monte de las bienaventuranzas según Mateo. Jesús viene a anunciar felicidad, salvación, libertad: el mundo va pertenecer a los pobres. Será el gran cambio en la historia de la humanidad. Jesús no viene a publicar una Ley dura como la de los doctores de Israel, sino vino a anunciar una felicidad. Felicidad para la samaritana, la mujer siro-fenicia, la mujer adúltera, los pecadores públicos. Buena lección para todos los que imponen a los pobres una ley dura, implacable, reglas de derecho o de costumbres que humillan a los pobres en lugar de hacerlos felices. Los discípulos de Jesús siempre estarán dando felicidad.

3. Jesús muestra las señales del cambio y de la felicidad: Cura a los enfermos, expulsa los demonios, da de comer a los hambrientos, restituye la vida. Nosotros nos preguntamos si podremos imitar a Jesús en eso. A lo mejor no podremos hacer los milagros más espectaculares, aunque en la historia fueron atribuidos milagros semejantes a los santos, sean ellos oficializados o no. Pero sí podemos hacer mucho: los enfermos necesitan esperanza, paciencia, cariño. El mensaje de felicidad mejora la salud. Los demonios son los que provocan todos los males: tristeza, miedo, rencor, desesperación, egoísmo, etc. Podemos expulsar esos demonios. Es probable que la tradición oral aumentó lo espectacular de los milagros de Jesús, lo que es una tendencia natural de todos los pueblos cuando se encuentran con personalidades fuera de lo común.

4. Jesús denuncia la falsa religión de los sacerdotes, de los doctores, de los fariseos, es decir de todas las autoridades religiosas que tienen la pretensión de ser representantes de Dios y se consideran maestros, aunque sean solo falsos maestros que enseñan el error. Por eso, Jesús, desde el principio de su misión entró en conflicto con todas esas autoridades. No se quedó callado. Ha venido a salvar a su pueblo de la falsa religión que quieren imponerle. Pues los dirigentes religiosos de Israel son impositivos, y trasmiten miedo y tristeza en lugar de felicidad.

5. Jesús enseña que Dios no quiere sacrificios, así como no quiere templos ni sacerdotes. Quiere justicia y misericordia, o sea amor mutuo, fraternidad entre todos. Es un laico y quiere que su pueblo vuelva a ser un pueblo de laicos sin clase superior. Los que mandan tendrán que portarse como servidores, como inferiores y no como "autoridades".

6. Jesús será condenado por revolucionario, que quiere destruir el reino de Roma. Aunque los evangelios no refieran actos propiamente políticos en la misión de Jesús, está claro que el ideal de Jesús no era compatible con el imperio romano y la autoridad romana, que no podía no ver en él un peligro. No hace actos políticos pero Jesús lanza en el mundo un mensaje que cuestiona y condena todo el sistema social romano. Él bien lo sabe y sabe que el poder de Roma desaparecerá a la hora que Dios decida.

7. Jesús no huye cuando descubre que van a matarlo. Continúa hablando y actuando y acepta el martirio para no traicionar su mensaje. Muere por fidelidad a la misión recibida aún frente a la muerte. Huir sería quitarle toda credibilidad a su mensaje. Así hacen tantas autoridades humanas a la hora del peligro. De esta manera muestran que su discurso era falso y mentiroso.

Lo que sucede, es que la cristología que se desarrolla después del Concilio de Calcedonia, solo se interesa por la unión de las dos naturalezas en Jesucristo. Lo que le interesa es lo que Jesús es. Dice que Jesús fue Dios y hombre y expresa esa afirmación por la expresión de dos naturalezas: la divina y la humana. Sucede que estas dos naturalezas no son comparables.. La naturaleza divina no tiene historia y es totalmente sencilla. Pero la naturaleza humana no existe en un momento siempre igual a sí misma. El ser humano no existe en un momento fuera del tiempo y del espacio. El ser humano es una historia, una sucesión de actos organizados en virtud de un proyecto de vida. La cristología tradicional se limitó a comentar lo que Jesús es según el Concilio de Calcedonia y no se interesó por lo que hizo como ser humano, como fue su humanidad. Tomó la humanidad como algo abstracto, no histórico. Lo interesante era solamente que fuera un ser humano. O sea que tuviera la naturaleza humana. El problema es: ¿cómo ser discípulo de una pura naturaleza humana, de una humanidad abstracta igual para todos? La consecuencia fue que no hubo reflexión sobre el contenido de la vida de Jesús a partir de los evangelios en la teología oficial.

El capítulo del texto de preparación a Aparecida no contiene ninguna orientación para la vida humana concreta. Permanece en la línea de la teología escolástica tradicional sin incorporar todo lo que se estudió y se escribió en los últimos 50 años. Por eso el capítulo sobre el discipulado no contiene ninguna orientación para la vida en este mundo. Ofrece solamente orientaciones religiosas, como si ser discípulo fuera hacer actos religiosos. La vida del discípulo deja de ser una vida humana laical, vivida en este mundo, para ser una vida fuera del mundo, una vida hecha de actos religiosos, sin historia, sin proyecto, sin lucha, sin desafíos, sin enemigos, sin obstáculos. Se vuelve a la manera del libro famoso De la Imitación de Cristo de Tomás Kempis, en el que se habla de todo salvo de la imitación de Jesús. Pues no se hace ninguna referencia a la vida real de Jesús. Solo hay interés por sus virtudes consideradas en forma abstracta fuera de su contexto histórico, como si las virtudes estuvieran actuando solas, en el aire, fuera de la historia humana.

En realidad no existe la prudencia en sí, ni la fortaleza en sí, ni las demás virtudes en sí, si no son aplicadas en circunstancias muy determinadas Sin referencia a situaciones concretas, esas virtudes no dicen nada y no hacen nada, son entes de razón, entidades ideales que no existen salvo en el pensamiento, y por eso nada producen.

La teología escolástica ha eliminado la historia de la visión del cristianismo. Hizo del cristianismo una doctrina, un equivalente de la filosofía, que sigue las mismas normas de comprensión. Para los filósofos griegos la historia no es objeto de ciencia. La historia no tiene significado, no tiene sentido, es un sucesión arbitraria de hechos sin conexión. En la escolástica también el cristianismo es presentado como una doctrina universal válida para todos en todos los tiempos, igual para todos. Es un esquema de vida igual para todos, salvo que no todos logran aplicarlo en el mismo porcentaje. En ese esquema escolástico todas las generaciones son iguales, todas tienen los mismos problemas y todas tienen ante los ojos un programa de vida hecho de actos religiosos iguales para todos los pueblos en todos los tiempos.

Sin embargo, lo que la Biblia nos enseña es una historia: la historia del combate entre vida y muerte, entre las fuerzas de vida y las fuerzas de muerte en este mundo, en la hurnanidad. La salvación cristiana no es una cuestión individual, sino la transformación de la humanidad entera. Es toda la humanidad que está sometida a fuerzas de muerte y toda la humanidad que está convocada para que pueda vencer la vida. Jesús vino a mostrar el camino de la humanidad. Ahora bien la humanidad no está hecha de una colección de seres humanos todos iguales con la misma misión. Cada persona humana está inserta en una historia global en la que ocupa un lugar único, o que le confiere una vocación única: buscar en esta situación única lo que Jesús haría. Las fuerzas de muerte y de vida cambian, porque la humanidad cambia; los retos cambian. Por eso cada generación tiene una tarea nueva, específica, única y cada individuo ocupa un lugar en su generación. Los pobres están construyendo una historia y siguen el modelo de Jesús. No pueden repetir literalmente lo que Jesús hizo, porque el mundo cambia. No estamos más en la Galilea de aquel tiempo y el imperio romano ha sido reemplazado por otro imperio diferente. Todos tenemos que buscar lo equivalente de la vida de Jesús, cada uno en su situación única. Hay que hacer actual el contenido de la vida de Jesús para ser verdaderamente discípulo.

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miércoles, 29 de noviembre de 2006

Conferencia Episcopal Argentina: Comunicado de Prensa sobre el proyecto de ley sobre la «anticoncepión de emergencia».

Lunes 27 de noviembre de 2006

Comunicado de Prensa

La Cámara de Diputados de la Nación está próxima a tratar un proyecto de ley que autoriza la venta y la distribución gratuita de las píldoras denominadas de “anticoncepción de emergencia”, también conocidas como “píldora del día después”. Los organismos de control sanitario reconocen que entre sus acciones esta droga impide la anidación o implantación del embrión en el útero materno. Se trata, por lo tanto, de un fármaco que atenta contra la vida humana, que la Constitución Nacional considera inviolable desde el momento de la concepción.

Los obispos de la Iglesia Católica en la Argentina, que reiteradamente han expresado su preocupación por la defensa de la vida, apelan una vez más a la conciencia de los legisladores nacionales y solicitan como ciudadanos el archivo definitivo de dicho proyecto.

Oficina de Prensa
Conferencia Episcopal Argentina


Conferencia Episcopal Argentina: Bien Común y Diálogo.

Bien Común y Diálogo

Con ocasión de nuestra Asamblea Plenaria los Obispos nos dirigimos a los fieles cristianos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, con el deseo de compartir algunas reflexiones que nos ayuden a fortalecer nuestra esperanza y a recorrer todos juntos, gobernantes y ciudadanos, el camino de la construcción del Bien Común, ámbito necesario para el desarrollo de la dignidad de la persona humana y fundamento de la equidad en el crecimiento de la sociedad.

El Bien Común es el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda que el Bien Común no consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada sujeto del cuerpo social, y que la persona sola no puede encontrar realización en sí misma, prescindiendo de su ser «con» y «para» los demás. Por ello se hace necesario un amplio y sincero diálogo de toda la sociedad.

El diálogo es el gran instrumento de construcción y consolidación de la democracia. Los cristianos encontramos su fundamento en la Encarnación del Hijo de Dios que tomó, Él mismo, la iniciativa de hacerse como nosotros para venir a salvarnos. El compromiso de la Iglesia con el diálogo nace de la fe en Jesucristo y en la verdad del Evangelio. Esto nos obliga a priorizarlo en todos los órdenes de nuestra convivencia. Disposición que nos compromete en primer lugar a nosotros mismos como testigos de la fe que predicamos.

Fortaleciendo el diálogo podremos superar la excesiva fragmentación que debilita a nuestra sociedad y nos dispondremos a encontrar los consensos necesarios que nos ayuden a reafirmar nuestra identidad y crecer en la amistad social.

Este camino, unido a un verdadero espíritu de reconciliación que nace de la verdad, se afirma en la justicia y se plenifica en el amor, es el que nos permitirá consolidar las instituciones de la Nación.

A pesar de los logros que, con el esfuerzo de muchos argentinos, hemos obtenido en estos últimos años, los niveles de pobreza, exclusión social e inequidad son todavía altos. Por lo tanto, es necesario que, viviendo con más austeridad nos preocupemos mucho más de los pobres y nos comprometamos con espíritu solidario a acrecentar la riqueza del país y a distribuirla con mayor equidad.

En el marco pastoral de nuestra Asamblea los invitamos a ejercer un mayor protagonismo en la construcción de la sociedad civil, que nos permita convertirnos en activos ciudadanos y asumir nuestra personal responsabilidad en la concreción de ese conjunto de condiciones que llamamos “Bien Común”.

Renovamos nuestra vocación de servicio a nuestros hermanos y al bien del país que encomendamos a la Virgen de Luján que siempre nos acompañó a lo largo de nuestra historia.

92ª Asamblea Plenaria

Pilar, 10 de noviembre de 2006


Conferencia Episcopal Argentina: Ante la nueva Ley de Educación Nacional.

ANTE LA NUEVA LEY DE EDUCACIÓN NACIONAL

Al pueblo de Dios,

a los legisladores y autoridades,

a todos los hombres de buena voluntad

1. Los obispos argentinos reunidos en la Asamblea Plenaria queremos recordar algunos criterios con la intención de contribuir a que la nueva Ley de Educación Nacional, de próxima sanción, sea un instrumento eficaz para la formación de las futuras generaciones de argentinos y, por tanto, para el bien común de la Patria.

2. La educación es un bien público y es también un bien personal y social. Todos, sin exclusión alguna, tienen derecho a una educación de calidad. El Estado, por su parte, para sostener y respaldar la libertad de enseñanza garantizada por la Constitución Nacional, mantiene y preserva un único sistema de educación pública con dos subsistemas: el de gestión estatal y el de gestión privada.

3. El rol principal y subsidiario del Estado debe conjugarse con el derecho natural e inalienable de los padres a elegir para sus hijos una educación que responda a sus propias convicciones y creencias, sin discriminación alguna. Resulta irrenunciable sostener el principio de libertad de conciencia como un derecho de las familias, de los educadores y de los educandos.

4. Una concepción integral de la educación incluye necesariamente la dimensión trascendente del hombre. Nuestros niños y jóvenes merecen una Ley de educación que contemple en plenitud las aspiraciones de la persona, que no sólo se expresa en su dimensión social, laboral y científica, sino que busca las alturas de un horizonte cultural, espiritual y religioso. En este sentido, aspiramos a que una ley de educación para todos los argentinos dé la posibilidad a cada educando de conocer, amar y creer en Dios, Creador y Padre de todos.

5. El sentir común de la sociedad es que la escuela en Argentina esté al servicio de un desarrollo pleno del hombre como persona en sus dimensiones física, intelectual y afectiva, sociocultural, espiritual y religiosa, sin descuidar el aspecto laboral y comunitario. La educación constituye el fundamento indispensable de una sociedad más justa y solidaria que se sustenta en los valores de paz, libertad, igualdad, solidaridad y búsqueda del bien común.

6. La educación es para todos, y todos tienen derecho a iguales oportunidades. Corresponde al Estado, sobre la base del principio de justicia distributiva, financiar de manera equitativa tanto la educación de gestión estatal como la de gestión privada. Por otra parte, la necesidad real de superar un sistema educativo fragmentado no debe justificar una intervención excesiva del Estado Nacional sobre las autonomías provinciales.

7. Ante la inminencia del tratamiento de la Ley de Educación en el Congreso de la Nación, rogamos a todo el pueblo de Dios, a los hombres de buena voluntad, especialmente a los padres de familia y a los educadores, que se comprometan a sostener los principios que hemos recordado y a los cuales han adherido más de trescientas cincuenta mil personas, muchas de ellas pertenecientes a distintos credos y otras instituciones. Consideramos que los mismos son fundamentales para que la nueva Ley sea el instrumento adecuado en orden a construir una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común.

8. A las autoridades que intervienen en la elaboración y sanción de la ley les solicitamos que asuman estos principios y los incluyan en el contenido de la misma.

9. Pedimos a todas nuestras comunidades que recen insistentemente para que Dios, el Señor de la historia, ilumine a quienes tienen la grave responsabilidad de sancionar esta Ley, y encomendamos de un modo especial estas intenciones a Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Patria.

Pilar, 10 de noviembre de 2006

Los Obispos de la Argentina


Conferencia Episcopal Argentina: Una cuestión de vida o muerte.


Una cuestión de vida o muerte



A los hermanos que creen en Dios y a todos los hombres de buena voluntad:

Como pastores de la Iglesia, les escribimos con la preocupación y la esperanza del amor que les debemos.

Hace pocos días una señora se presentó a un sacerdote con una hija discapacitada y con profunda alegría le dijo: “Gracias, padre, hace unos años usted me ayudó a ver claro. Yo estuve a punto de abortar ante la evidencia de las malformaciones de mi hija cuando estaba en mi vientre. Usted me ayudó a no hacerlo. Hoy esta hija es la que da sentido a mi vida. Aún con su discapacidad es la alegría de nuestra familia”.

Nuestra experiencia eclesial puede mostrar miles de situaciones como ésta. ¿Cuál fue el móvil de ese sacerdote al ayudar a esa mujer? ¿Cuál es nuestro móvil al dirigirnos a las autoridades, a nuestros representantes y a todo el pueblo tratando de apostar por la vida e impedir la legalización del aborto? Créannos: sólo nos mueve el profundo amor de Dios por todos nosotros. Sólo nos mueve el deseo de valorar cada una de las vidas que se engendran y que ya son un ser constituido en el vientre de la madre.

Todos apreciamos lo que hizo la Madre Teresa por cada uno de esos seres débiles, olvidados de la sociedad, excluidos, moribundos en las calles. Esa mujer, de quien nadie puede dudar que sólo era impulsada por el amor, puso tanto empeño en ocuparse de los moribundos como en impedir que las madres cayeran en el gravísimo error de abortar a sus hijos.

Muchas veces se nos quiere hacer aparecer como retrógrados o fundamentalistas ante el tema del aborto. Se acepta y valora el trabajo de la Iglesia en favor de los pobres, pero se nos descalifica cuando defendemos el derecho a la vida. ¿Qué nos pasa como sociedad? Toda la tradición judeocristiana basada en los mandamientos de la Ley de Dios por miles de años consideró que el aborto es un crimen. ¿Qué luces ha recibido esta nueva cultura, qué revelaciones se nos han manifestado para descubrir que lo que siempre fue un mal tan grande hoy ya no lo es? También en otros tiempos hubo abortos, pero siempre se consideró que era un mal a desterrar. Las culturas cambian, pero los fundamentos esenciales de las personas permanecen. La Ley de Dios y el sentido común nos han enseñado que la vida es un gran bien que debemos preservar desde el momento que comienza.

Seguramente muchos de ustedes han visto la película en la que se ha filmado un aborto (El grito silencioso). La técnica nos permite apreciar que no hay ninguna diferencia entre destrozar el cráneo de esa pequeña criatura ya gestada o cometer el homicidio de un niño que camina por la calle.

En nuestros días se ha reavivado la polémica sobre la despenalización del aborto con motivo de situaciones muy dolorosas que afectan la vida de una joven discapacitada y de un ser inocente por nacer. Lo trágico de esta situación no puede hacernos olvidar que podemos asesinar a un inocente.

Esta polémica no es una discusión más entre tantas. Es una cuestión de fondo. Nunca, como en este caso, puede decirse que es una cuestión de vida o muerte. Tan es así, que involucra a todos los ciudadanos de cualquier credo o condición social. ¿Cuál será la opción de los argentinos? Cada uno en su conciencia debe discernir si quiere una sociedad que respete la vida de todos los seres engendrados. Los que creemos en Dios debemos darle ante todo a Él la propia respuesta. A los que no creen, los invitamos a que consideren qué les dice el sentido común frente a un ser ya engendrado que es verdadero sujeto de derechos humanos. A todos les pedimos, es más, les rogamos asumir este tema con la seriedad que se merece.

Los cristianos, como nos enseña San Pablo, no entristezcamos a Dios: no sembremos la cultura de la muerte en nuestra sociedad. Por el contrario, sembremos la esperanza y la alegría que provienen del amor de Dios por sus criaturas. Así nos lo enseñó Jesús, quien pidió al Padre que no se pierda ninguno de los hermanos.

María, que en Belén alumbró al Hijo de Dios, nos ayude a optar siempre por la vida.



Buenos Aires, miércoles 23 de agosto de 2006

144ª reunión de la Comisión Permanente

de la Conferencia Episcopal Argentina